Archivo de la categoría: democracia

20D, Elecciones generales

Estamos a menos de una semana de las elecciones generales en España del 20 de diciembre. La opinión pública y la sociedad civil viven los días previos de campaña, repletos de debates y mitines en toda la geografía nacional. Pero no son unas elecciones al uso. El hecho de que hayan aparecido nuevas formaciones políticas con gran empuje e intención de voto, supone un cambio en el panorama político español que, unido a los reclamos nacionalistas de Cataluña y de algunas voces que piden una reforma constitucional, ha hecho que sean unas elecciones especialmente representativas. De ahí el interés del ebook  La sociedad civil ante las elecciones generales del 20-Dreciente incorporación a la oferta divulgativa de dontknow.net.

Votar

Una herramienta clave para análisis previos y posteriores a esta convocatoria a las urnas, donde merece un estudio la incidencia de otra serie de factores importantes como la crisis económica -aunque ya saliendo de ella-, la corrupción política y la posición nacional e internacional frente al IS -terrorismo del estado Islámico-. Lo que parece quedar claro es que la sociedad pretende un bienestar y un progreso que no solo son cuestión de los partidos políticos y las instituciones públicas, sino que precisan del empuje y la capacidad de emprender e innovar de la sociedad civil en su conjunto.

En este sentido, se ha producido el III Encuentro Nacional de la Sociedad Civil que ha servido para lanzar a la opinión pública una serie de debates decisivos frente al cambio político que suponen unas elecciones generales.
Fruto de esta interesante cita, expertos de distintas tendencias han volcado sus ideas sobre cómo, a su criterio, hacer que España mejore en diversos aspectos que entorpecen el progreso material, la creación de empleo y el avance tecnológico, entre otras cosas. Todo un interesante compendio de opiniones y posibles iniciativas que se han recogido en el ebook La sociedad civil ante las elecciones generales del 20-D.

María Font Oliver

 

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Cinco claves para entender el fanatismo

 

 

je-suis-charlieTras una semana sacudidos por la violencia fanática y la masiva respuesta de defensa a la libertad de expresión, muchos están repensando con calma qué ha pasado y cómo afrontar el futuro multicultural de nuestra sociedad. La desconfianza generalizada y el prejuicio son la salida más fácil, capitalizadas por los partidos políticos xenófobos que están haciendo su agosto con estas situaciones. Pero sabemos que ese camino xenófobo y atemorizado nos conduce al pasado, no al futuro.

Por eso es necesario entender mejor a tantos jóvenes nacidos en Europa, hijos de inmigrantes, cuando pasan de la creencia religiosa al fundamentalismo y de ahí al fanatismo y la violencia. En esta situación hay al menos los siguientes elementos:

  1. Una identidad personal débil. A veces la historia individual hace que un sujeto tenga una identidad personal poco definida, ambigua, débil. Una manera de fortalecerse a sí misma es asimilarse a una identidad colectiva fuerte: política, ideológica, deportiva, religiosa, de género… La persona “desaparece” entregándose a las consignas de un líder o un grupo que le indica por dónde ir, le da seguridad y sentido. Pero ha renunciado –o nunca llegó- a conducir su vida por sí mismo.
  2. Una identidad colectiva cerrada. Todos tenemos una o varias identidades colectivas: apellido familiar, lugar de origen, lengua, territorio… Nos aportan sentimiento de pertenencia, relaciones cercanas. Pero hay distintas maneras de vivirlas: en diálogo y relación con otras, o cerrarnos y excluir a los distintos. Ejemplos extremos de identidades colectivas cerradas son las sectas, las pandillas de delincuentes o las mafias. Se tiene sólo contacto con los “nuestros” y el mundo exterior no interesa.
  3. Unos los líderes que construyen enemigos. Cualquier grupo humano puede pugnar con otros para tener más adeptos, o competir por llegar al poder, y trata a los otros grupos como adversarios a vencer o convencer. Pero hay líderes políticos, religiosos o ideológicos que, para multiplicar y cohesionar a sus seguidores, convierten a los adversarios en enemigos: amenazas peligrosas que generan miedo y rabia en los seguidores. El enemigo ya no es considerado humano, sino animal o cosa. Y de ahí a su eliminación hay un paso. Construir enemigos es un proceso tan fácil como peligroso.
  4. Unas creencias enfermas. Todas las personas tenemos creencias, ideas generales sobre la vida que no podemos demostrar pero nos ayudan a entender el mundo y a nosotros mismos. A veces las creencias se simplifican al grado de convertir el mundo en un tablero en blanco y negro: los buenos (nosotros) y los malos (ellos, los que no somos nosotros). El creyente entonces se convence de que el mundo será mejor sin los malos. Ése es el fanatismo, la creencia enferma por simplificación, irracionalidad y emotividad desbordada.
  5. Un mesianismo violento. La persona fanática que ha llegado a este punto, se considera investida por una misión purificadora, patriótica o heroica, y emprende acciones violentas –manipuladas por los líderes, siempre a salvo- que le hacen arriesgarse o inmolarse con tal de hacer desaparecer al enemigo. Esta es la lógica del terrorismo y de la triste violencia de masas.

La educación multicultural no basta: hay que fortalecer en las personas su identidad personal, su aceptación de sí mismas y de los demás, su pensamiento crítico, su capacidad de deliberación y diálogo. Lo contrario lleva al infantilismo y el fanatismo.

Para saber más:

http://www.dontknowschool.com/web/11-claves-para-revisar-mis-creencias/inicio

http://www.dontknowschool.com/web//al-dia-con-las-creencias

 

Por Leticia Soberón

Exigir transparencia a los medios de comunicación

broken-549087_1280Los medios de comunicación tienen un alto nivel de responsabilidad en el grado de conocimiento y de madurez de los ciudadanos que componen una sociedad democrática. Pero hoy, en momentos de profunda crisis económica e institucional que ha degenerado en una profunda desconfianza hacia los políticos en general, la transparencia de los mismos es más necesaria que nunca.

Las leyes de transparencia, instigadas normalmente por los medios de comunicación, que obligan a los Gobiernos y administraciones públicas a dar libre acceso a toda la documentación de la que disponen (salvo la que afecta a la seguridad nacional y a la intimidad de las personas) son el mejor acicate para poder controlar la acción política y mejorar la salud democrática de un país. Los ciudadanos tenemos derecho a saber cómo se toman las decisiones gubernamentales, en base a qué y quienes participan en ellas, con qué fundamento y con qué medios y consecuencias para nuestras vidas.

En este sentido, los medios de comunicación juegan un papel fundamental como agentes de los ciudadanos para filtrar esa información y controlar la acción política y verificar si se producen abusos o no (corrupción, prevaricación, cohecho, etc.). Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los medios de comunicación exigen insistentemente en una mayor transparencia de los poderes públicos, no se aplican para sí mismos esos niveles de exigencia informativa.

Las informaciones y los puntos de vista que transmiten dejan a menudo mucho que desear:

  • Por la imposibilidad de ser objetivo al ciento por cien;
  • Por los sesgos que acarrean las propias creencias e idolologías de los que son propietarios o dirigen el medio o por los intereses espurios de los que les financian y/o patrocinan, y que a veces afectan a la información.

Por eso es muy importante, más allá de exigirles un comportamiento estético y ético que se sustancie en un Libro de Estilo, que al menos sean transparentes en relación a:

  • La línea editorial que siguen, las convicciones, las ideologías que representan y el prisma a través del cual interpretan la realidad o intentan influir en el ánimo o percepción de sus lectores.
  • La trayectoria profesional, las creencias, las ideologías y las afiliaciones de los que escriben los artículos.
  • Las fuentes de patrocinio, además de la mera venta de publicidad.
  • Los ingresos de publicidad y subvenciones y ayudas provenientes de las administraciones públicas u otras entidades financiadas con dinero público.

Creo que es una exigencia democrática que todos los medios de comunicación publiquen de forma recurrente (anualmente, por ejemplo) los datos que permitan conocer de antemano la intencionalidad con la que publican información o artículos editoriales. Saber quién esta detrás (accionistas) y a qué se dedican. Conocer los nombres de periodistas y colaboradores y su filiación política si la tuvieren. Saber quiénes son sus principales anunciantes y patrocinadores y el volumen económico de sus transacciones con el medio. Estar al corriente de quienes son sus principales stakeholders (proveedores, acreedores y deudores, suscriptores públicos). Conocer el volumen de las transacciones económicas realizadas con las administraciones públicas (publicidad, patrocinios y subvenciones, deudas con las administraciones públicas). Acceder a toda la información financiera de la sociedad editora sin tener que buscarla en el Registro Mercantil, etc. Todo ello ayudaría enormemente a conocer mejor la intencionalidad de los medios así como sus compromisos y limitaciones.

Naturalmente, no se debe ni puede exigir este ejercicio de transparencia informativa a través del ordenamiento jurídico, pues se conculcarían distintos derechos fundamentales que amparan también a los medios, a sus empleados y a sus stakeholders. Sin embargo, los medios que lo hicieran de forma voluntaria estarían mucho mejor vistos, serían más respetados y tendrían más posibilidades de ser creíbles y merecedores de la confianza del público en general y de sus lectores afines, en particular.

Eduardo Díez-Hochtleiner

Mejorar la democracia mediante las tecnologías sociales

 

 


La proliferación de casos de corrupción política en España está teniendo consecuencias para la clase política. La ciudadanía, cansada de tanta corruptela, deja traslucir en las encuesta su malestar y desconfianza. Sin importar el signo del partido político, el nivel de responsabilidad o el cargo que ostenten, los políticos –gobernantes o no- pasan por uno de los momentos de menor credibilidad para la opinión pública. El problema es cuando esta sensación pasa a las instituciones y a la Administración Pública. A pesar de la tranquilidad aparente de vivir en democracia, la corrupción y falta de transparencia perjudican seriamente al modelo de Estado. En este contexto surge la necesidad de mejorar el sistema democrático y para ello, gracias a las tecnologías sociales que imperan en nuestra vida cotidiana, se cuenta con las herramientas precisas para hacerlo.

En un mundo ideal, el gobierno abierto, es decir, el gobierno con transparencia en su funcionamiento, participación ciudadana y espíritu de cooperación y colaboración –pueblo-Estado-, permitiría el acceso a toda la información sobre la Administración Pública. Sin opacidad, los ciudadanos podrían formar parte de la toma de decisiones, opinando y ayudando a los políticos y gestores. Hasta ahora este proceso de implicación ciudadana era complejo, hoy en día, gracias a la tecnología ha dejado de serlo.

Entre los ejemplos de involucrar tecnología con participación ciudadana, destaca el caso del pueblo granadino de Jun, de tan solo 3.000 habitantes. Allí se realizó, en 2004, la primera experiencia piloto en España de votación electrónica no presencial. Fue con motivo de las elecciones generales y autonómicas y se creo, ad hoc al momento, un sistema de urna electrónica para votar por Internet y con el teléfono móvil. La experiencia salió bien y sirvió para demostrar las enormes posibilidades tecnológicas que se pueden aplicar en un proceso electoral. Aunque la Junta electoral, ajena al éxito obtenido, no permitió repetir la iniciativa, Jun, como municipio emprendedor, celebra sus plenos municipales en abierto en la red, retransmitiéndolos en directo, on-line, “vía streaming”. A través de Twitter, sus ciudadanos tienen la ocasión de proponer y opinar sobre los asuntos que conciernen a su pueblo. Es una excelente forma de transparencia en la que, gracias a los mensajes y a Internet, la ciudadanía y el gobierno del ayuntamiento están conectados y en contacto directo, abordando los temas y las estrategias en pro del bien común.

Jun es una muestra, a pequeña escala, de los proyectos de la denominada “teledemocracia”. Es un adelanto de lo que algunos ya hacen y otros se proponen hacer, del sistema electoral del futuro que, a juicio de la rapidez con que se producen los cambios en la tecnología y la necesidad de transparencia, no será ni es muy lejano. Facilitar que la ciudadanía participe en la toma de decisiones y favorecer la existencia de un Gobierno abierto son opciones que se van instaurando, adecuando los medios tecnológicos a las necesidades reales socio-políticas.

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María Font Oliver

El G2020, una plataforma para mejorar la democracia

 

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En los países occidentales rige el sistema democrático como forma de estado. La democracia, basada en la participación de la ciudadanía, facilita a la población de una nación escoger a sus representantes, encargados de ejercer las tareas de gobierno y oposición. La opción de participar es la característica fundamental de este sistema político que permite también entrar en discusión y opinar sobre cómo se ejerce el poder y se organizan las instituciones. Se ofrece así la posibilidad de entrar a debatir todas las cuestiones relacionadas con la Administración del Estado, propiciando la cohabitación de distintas ideologías bajo el manto democrático.

Este es el contexto en el que aparecen diferentes organizaciones y plataformas con el objetivo común de mejorar la democracia. Valiéndose de los diversos medios de comunicación, Internet y las redes sociales, intentan llegar al conjunto de la sociedad, fomentando el debate y la pluralidad de opiniones. Un ejemplo de ello es el nacimiento de la Plataforma de la Sociedad Civil G2020 que, sin ánimo de lucro, surge con la finalidad principal de regenerar la democracia en España. Detrás de esta iniciativa se encuentran instituciones significativas de la sociedad civil española, que promueven un análisis de los problemas y valores de la vida política y social. El propósito: elaborar propuestas para el diseño y la divulgación de las claves que van a configurar la sociedad española del futuro.

Ver vídeo de presentación aquí

Nuestro país, al igual que otras sociedades occidentales, afronta cambios importantes que, por un lado, proporcionan grandes oportunidades y, por otro lado, suponen enormes desafíos en ámbitos tan importantes para todos los ciudadanos como son el personal, el profesional y el de convivencia. La Plataforma G2020 quiere servir para aportar soluciones consensuadas a los conflictos, ofreciendo el conocimiento de expertos en distintas materias y favoreciendo también la participación de organizaciones. Unos y otros buscan contrastar todo el saber recopilado con la opinión pública y, de este modo, su fin último es apoyar la mejora del conocimiento que tiene la sociedad civil, considerando que ésta es la mejor manera de superar los retos que van surgiendo. Se trata, en definitiva de fomentar la participación ciudadana como muestra de que, pese a los problemas, nuestra democracia sigue gozando de buena salud y es posible opinar libremente.

Nueva etapa para la monarquía en España

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Hace 39 años, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón era proclamado como Rey de España. Bajo el nombre de Juan Carlos I, ha ejercido como monarca de todos los españoles en uno de los reinados de más duración de todos los acontecidos en nuestro país.

Tras casi cuatro décadas, el paisaje social, económico y político ha cambiado mucho. A la crisis económica devastadora de los últimos cinco años se suma, tras las elecciones al Parlamento Europeo, una nueva era en la que parece que los ciudadanos están algo cansados del bipartidismo imperante en los últimos cuarenta años y de la clase política en general, a juzgar por la abstención y los resultados electorales. Este momento de incertidumbre política, acrecentado por la difícil cuestión catalana, ha sido el elegido por el rey para abdicar. Muchos consideran que era el más adecuado, mientras otros lo encuentran inapropiado por las circunstancias que lo rodean.

Haciendo historia, cuando se inició la monarquía en España, salíamos de una larga dictadura y nos enfrentábamos a un profundo cambio político que dio paso a la democracia y, en concreto, a la monarquía parlamentaria. Desde entonces la figura del Rey ha constituido un pilar estable para la unidad del país. Con el tiempo se ha ido labrando una excepcional fama nacional e internacional y ha estado al pie del cañón en momentos decisivos como el golpe de Estado del 23 F en 1981. Siempre apoyando los intereses españoles, su trabajo ha sido intenso y su dedicación total. No obstante, algunas nubes han enturbiado el horizonte. Las implicaciones de su hija Cristina y su yerno en el caso Noos, sus cacerías en África y su supuesta infidelidad han empañado su imagen y la de la Casa Real.

¿Es conveniente el paso a la siguiente generación –representada por el Príncipe Felipe- en tales circunstancias? ¿Los motivos son sólo el relevo o el deterioro de su imagen o su estado de salud? Diversas opciones se barajan. Los monárquicos apoyan la decisión, los “juancarlistas” –que no monárquicos sino solo seguidores de su persona- la lamentan, los republicanos la celebran y ponen en cuestión la continuidad de este modelo de Estado… Incluso habrá quién se sienta indiferente, de un modo u otro se escribe la historia con esta clase de acontecimientos que marcan etapas. Finaliza una y se inicia otra. Sólo el tiempo nos desvelará las consecuencias de esta decisión histórica.

Por María Font

El derecho al olvido en Internet: intimidad vs. libertad de expresión

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El derecho al olvido en Internet ha sido confirmado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Frente a los argumentos de Google Europa para no borrar datos personales de usuarios ni filtrar ninguna información que haya sido indexada en su historial, el Tribunal ha dado prevalencia al criterio del derecho a la intimidad, en los casos en los que no haya relevancia pública de la información y ésta comporte un perjuicio grave o lesionen los derechos de la persona afectada.

Google y millones de internautas coinciden en afirmar que cualquier límite a la libertad de expresión es un coladero para el control que quieren ejercer unos y otros agentes de poder sobre el paraíso de la libertad que es Internet. Y está claro que aunque Google borre cosas, otras empresas análogas podrán sacar a relucir los datos en cuestión.

Así que la complejidad de este asunto no permite soluciones simples. Hay preguntas inquietantes que siguen vigentes. La primera es si tiene objeto legislar un fenómeno mundial con responsabilidades distribuidas de manera capilar por todo el planeta. Prácticamente todas las leyes están condenadas a ser inoperantes. O no, si se ejerce un contra-control a base de hackers enfrentados en la guerra cibernética. Hay multitud de empresas de pago para borrar datos incómodos de Internet.

Pero hay asuntos que están más al fondo de esta situación:

¿Por qué todo hecho, aunque sea nimio e irrelevante, debe constituirse en información pública y perenne? ¿Por qué el depósito de datos más grande del mundo no admite ningún límite a quien le quiere controlar? ¿Quién es el árbitro de una situación con millones responsables?

Y en última instancia: ¿es ilimitado el derecho a libertad de expresión? ¿Todo límite es un atentado repugnante? ¿Puede convertir esto a Internet –y sobre todo a sus proveedores y gestores- en nuevas deidades omnipotentes además de multimillonarias?

La metáfora de las señales de tráfico puede ser útil para establecer unos reglamentos de flujo informativo en Internet. Los semáforos y flechas de dirección no se usan para controlar a los automovilistas, sino para facilitar que lleguen a su destino sin colisionar unos con otros. Y si colisionan, deben responder por ello.

Para armonizar el derecho al olvido y a la intimidad con la libertad de expresión, tienen que encontrarse unos reglamentos de flujo, unas señales de tráfico que permitan la gestión informativa en sus distintos niveles, acompañadas por el imperativo de responder por aquello que se escribe y publica.

http://www.dontknow.net/decision/compartir-mis-datos-personales-internet