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Más implicación institucional en la crisis de los desplazados

#AyudaDesplazados

El recrudecimiento de la violencia en diversas partes del mundo, principalmente en Siria, ha generado una crisis humanitaria de desplazados por la guerra que exige medidas inmediatas. Cada día llegan más personas a Europa huyendo de los conflictos bélicos y buscando refugio y asilo. Es hora de que los gobiernos y las instituciones europeas tomen, seriamente, “cartas en el asunto”.

Se trata de promover iniciativas de ayuda específicas destinadas a millares de desplazados en situación desesperada, que necesitan un techo bajo el que cobijarse, comida, medicinas y ropa para enfrentar el frío invierno. Sin embargo, lejos de acordarse una política común solidaria con esta crisis, muy al contrario, se blindan muchas fronteras del viejo continente para evitar el paso de estas personas.

¿Cómo lograr que exista una respuesta gubernamental o institucional en este momento puntual de crisis sin precedentes? La sociedad civil tiene aquí un importante papel. En sus manos está seguir haciendo visible esta situación, que más que mejorar empeora cada día, llamando la atención de los gobernantes y de aquellos que ostentan alguna clase de poder o influencia para que dejen de mirar para otro lado y “tomen las riendas”, de modo que haya una salida para apoyar a los desplazados, ayudarles a tener runa vida digna y a llevar, de la mejor manera posible, su tortuoso éxodo hacia la paz y la libertad.

Una de las formas de colaborar es participar y ayudar en las iniciativas y campañas que emprende CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), en constante movimiento y trabajando por dar, en la medida de lo posible, una vida digna a estos desplazados.

#AyudaDesplazados

María Font Oliver

Cinco claves para entender el fanatismo

 

 

je-suis-charlieTras una semana sacudidos por la violencia fanática y la masiva respuesta de defensa a la libertad de expresión, muchos están repensando con calma qué ha pasado y cómo afrontar el futuro multicultural de nuestra sociedad. La desconfianza generalizada y el prejuicio son la salida más fácil, capitalizadas por los partidos políticos xenófobos que están haciendo su agosto con estas situaciones. Pero sabemos que ese camino xenófobo y atemorizado nos conduce al pasado, no al futuro.

Por eso es necesario entender mejor a tantos jóvenes nacidos en Europa, hijos de inmigrantes, cuando pasan de la creencia religiosa al fundamentalismo y de ahí al fanatismo y la violencia. En esta situación hay al menos los siguientes elementos:

  1. Una identidad personal débil. A veces la historia individual hace que un sujeto tenga una identidad personal poco definida, ambigua, débil. Una manera de fortalecerse a sí misma es asimilarse a una identidad colectiva fuerte: política, ideológica, deportiva, religiosa, de género… La persona “desaparece” entregándose a las consignas de un líder o un grupo que le indica por dónde ir, le da seguridad y sentido. Pero ha renunciado –o nunca llegó- a conducir su vida por sí mismo.
  2. Una identidad colectiva cerrada. Todos tenemos una o varias identidades colectivas: apellido familiar, lugar de origen, lengua, territorio… Nos aportan sentimiento de pertenencia, relaciones cercanas. Pero hay distintas maneras de vivirlas: en diálogo y relación con otras, o cerrarnos y excluir a los distintos. Ejemplos extremos de identidades colectivas cerradas son las sectas, las pandillas de delincuentes o las mafias. Se tiene sólo contacto con los “nuestros” y el mundo exterior no interesa.
  3. Unos los líderes que construyen enemigos. Cualquier grupo humano puede pugnar con otros para tener más adeptos, o competir por llegar al poder, y trata a los otros grupos como adversarios a vencer o convencer. Pero hay líderes políticos, religiosos o ideológicos que, para multiplicar y cohesionar a sus seguidores, convierten a los adversarios en enemigos: amenazas peligrosas que generan miedo y rabia en los seguidores. El enemigo ya no es considerado humano, sino animal o cosa. Y de ahí a su eliminación hay un paso. Construir enemigos es un proceso tan fácil como peligroso.
  4. Unas creencias enfermas. Todas las personas tenemos creencias, ideas generales sobre la vida que no podemos demostrar pero nos ayudan a entender el mundo y a nosotros mismos. A veces las creencias se simplifican al grado de convertir el mundo en un tablero en blanco y negro: los buenos (nosotros) y los malos (ellos, los que no somos nosotros). El creyente entonces se convence de que el mundo será mejor sin los malos. Ése es el fanatismo, la creencia enferma por simplificación, irracionalidad y emotividad desbordada.
  5. Un mesianismo violento. La persona fanática que ha llegado a este punto, se considera investida por una misión purificadora, patriótica o heroica, y emprende acciones violentas –manipuladas por los líderes, siempre a salvo- que le hacen arriesgarse o inmolarse con tal de hacer desaparecer al enemigo. Esta es la lógica del terrorismo y de la triste violencia de masas.

La educación multicultural no basta: hay que fortalecer en las personas su identidad personal, su aceptación de sí mismas y de los demás, su pensamiento crítico, su capacidad de deliberación y diálogo. Lo contrario lleva al infantilismo y el fanatismo.

Para saber más:

http://www.dontknowschool.com/web/11-claves-para-revisar-mis-creencias/inicio

http://www.dontknowschool.com/web//al-dia-con-las-creencias

 

Por Leticia Soberón

Exigir transparencia a los medios de comunicación

broken-549087_1280Los medios de comunicación tienen un alto nivel de responsabilidad en el grado de conocimiento y de madurez de los ciudadanos que componen una sociedad democrática. Pero hoy, en momentos de profunda crisis económica e institucional que ha degenerado en una profunda desconfianza hacia los políticos en general, la transparencia de los mismos es más necesaria que nunca.

Las leyes de transparencia, instigadas normalmente por los medios de comunicación, que obligan a los Gobiernos y administraciones públicas a dar libre acceso a toda la documentación de la que disponen (salvo la que afecta a la seguridad nacional y a la intimidad de las personas) son el mejor acicate para poder controlar la acción política y mejorar la salud democrática de un país. Los ciudadanos tenemos derecho a saber cómo se toman las decisiones gubernamentales, en base a qué y quienes participan en ellas, con qué fundamento y con qué medios y consecuencias para nuestras vidas.

En este sentido, los medios de comunicación juegan un papel fundamental como agentes de los ciudadanos para filtrar esa información y controlar la acción política y verificar si se producen abusos o no (corrupción, prevaricación, cohecho, etc.). Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los medios de comunicación exigen insistentemente en una mayor transparencia de los poderes públicos, no se aplican para sí mismos esos niveles de exigencia informativa.

Las informaciones y los puntos de vista que transmiten dejan a menudo mucho que desear:

  • Por la imposibilidad de ser objetivo al ciento por cien;
  • Por los sesgos que acarrean las propias creencias e idolologías de los que son propietarios o dirigen el medio o por los intereses espurios de los que les financian y/o patrocinan, y que a veces afectan a la información.

Por eso es muy importante, más allá de exigirles un comportamiento estético y ético que se sustancie en un Libro de Estilo, que al menos sean transparentes en relación a:

  • La línea editorial que siguen, las convicciones, las ideologías que representan y el prisma a través del cual interpretan la realidad o intentan influir en el ánimo o percepción de sus lectores.
  • La trayectoria profesional, las creencias, las ideologías y las afiliaciones de los que escriben los artículos.
  • Las fuentes de patrocinio, además de la mera venta de publicidad.
  • Los ingresos de publicidad y subvenciones y ayudas provenientes de las administraciones públicas u otras entidades financiadas con dinero público.

Creo que es una exigencia democrática que todos los medios de comunicación publiquen de forma recurrente (anualmente, por ejemplo) los datos que permitan conocer de antemano la intencionalidad con la que publican información o artículos editoriales. Saber quién esta detrás (accionistas) y a qué se dedican. Conocer los nombres de periodistas y colaboradores y su filiación política si la tuvieren. Saber quiénes son sus principales anunciantes y patrocinadores y el volumen económico de sus transacciones con el medio. Estar al corriente de quienes son sus principales stakeholders (proveedores, acreedores y deudores, suscriptores públicos). Conocer el volumen de las transacciones económicas realizadas con las administraciones públicas (publicidad, patrocinios y subvenciones, deudas con las administraciones públicas). Acceder a toda la información financiera de la sociedad editora sin tener que buscarla en el Registro Mercantil, etc. Todo ello ayudaría enormemente a conocer mejor la intencionalidad de los medios así como sus compromisos y limitaciones.

Naturalmente, no se debe ni puede exigir este ejercicio de transparencia informativa a través del ordenamiento jurídico, pues se conculcarían distintos derechos fundamentales que amparan también a los medios, a sus empleados y a sus stakeholders. Sin embargo, los medios que lo hicieran de forma voluntaria estarían mucho mejor vistos, serían más respetados y tendrían más posibilidades de ser creíbles y merecedores de la confianza del público en general y de sus lectores afines, en particular.

Eduardo Díez-Hochtleiner

Mejorar la democracia mediante las tecnologías sociales

 

 


La proliferación de casos de corrupción política en España está teniendo consecuencias para la clase política. La ciudadanía, cansada de tanta corruptela, deja traslucir en las encuesta su malestar y desconfianza. Sin importar el signo del partido político, el nivel de responsabilidad o el cargo que ostenten, los políticos –gobernantes o no- pasan por uno de los momentos de menor credibilidad para la opinión pública. El problema es cuando esta sensación pasa a las instituciones y a la Administración Pública. A pesar de la tranquilidad aparente de vivir en democracia, la corrupción y falta de transparencia perjudican seriamente al modelo de Estado. En este contexto surge la necesidad de mejorar el sistema democrático y para ello, gracias a las tecnologías sociales que imperan en nuestra vida cotidiana, se cuenta con las herramientas precisas para hacerlo.

En un mundo ideal, el gobierno abierto, es decir, el gobierno con transparencia en su funcionamiento, participación ciudadana y espíritu de cooperación y colaboración –pueblo-Estado-, permitiría el acceso a toda la información sobre la Administración Pública. Sin opacidad, los ciudadanos podrían formar parte de la toma de decisiones, opinando y ayudando a los políticos y gestores. Hasta ahora este proceso de implicación ciudadana era complejo, hoy en día, gracias a la tecnología ha dejado de serlo.

Entre los ejemplos de involucrar tecnología con participación ciudadana, destaca el caso del pueblo granadino de Jun, de tan solo 3.000 habitantes. Allí se realizó, en 2004, la primera experiencia piloto en España de votación electrónica no presencial. Fue con motivo de las elecciones generales y autonómicas y se creo, ad hoc al momento, un sistema de urna electrónica para votar por Internet y con el teléfono móvil. La experiencia salió bien y sirvió para demostrar las enormes posibilidades tecnológicas que se pueden aplicar en un proceso electoral. Aunque la Junta electoral, ajena al éxito obtenido, no permitió repetir la iniciativa, Jun, como municipio emprendedor, celebra sus plenos municipales en abierto en la red, retransmitiéndolos en directo, on-line, “vía streaming”. A través de Twitter, sus ciudadanos tienen la ocasión de proponer y opinar sobre los asuntos que conciernen a su pueblo. Es una excelente forma de transparencia en la que, gracias a los mensajes y a Internet, la ciudadanía y el gobierno del ayuntamiento están conectados y en contacto directo, abordando los temas y las estrategias en pro del bien común.

Jun es una muestra, a pequeña escala, de los proyectos de la denominada “teledemocracia”. Es un adelanto de lo que algunos ya hacen y otros se proponen hacer, del sistema electoral del futuro que, a juicio de la rapidez con que se producen los cambios en la tecnología y la necesidad de transparencia, no será ni es muy lejano. Facilitar que la ciudadanía participe en la toma de decisiones y favorecer la existencia de un Gobierno abierto son opciones que se van instaurando, adecuando los medios tecnológicos a las necesidades reales socio-políticas.

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María Font Oliver

Twitter ya es una cuestión cultural

Imagen Blog

¿Sabes lo que es un museo? Sí, claro. ¿Vas a museos? No mucho. Con Twitter ya sucede algo así: se puede estar o no, pero no se puede ignorar qué es y su impacto en el mundo, la sociedad, la política, la economía, las personas, las empresas y organizaciones… Si los informativos citan a Twitter y asentimos desde la ignorancia, es como afirmar que sabemos qué es un museo pero, a la vez, pensar que son lugares misteriosos donde hay “algo” que no nos interesa. Siguiendo con la analogía, por supuesto que seremos respetuosos con quienes pasan horas visitando museos, aunque nosotros rara vez acudamos a alguno, pero no parece una actitud razonable ni elogiosa ignorar el influjo cultural que poseen.

Así vemos el caso de Twitter: ya no es posible prescindir de él. No podemos seguir pensando que es “una cuestión de esas” de internet, de redes sociales, de frikis, de especialistas, de personas que no tienen nada que hacer o que les sobra tiempo. No, porque el hecho de que los medios de comunicación y cada vez más organizaciones y personas relevantes –no sólo deportistas o artistas– dedican tiempo a su perfil en Twitter, nos debería llevar a reflexionar sobre el fenómeno.

Por eso en dontknow enfocamos Twitter como una actitud que las personas –y entidades de todo tipo– han de optar: ¿estoy o no estoy? ¿de esta manera o de la otra? Para decidir de la mejor forma, lo primero que hay que hacer es conocer bien qué es y cómo funciona. Cursos y libros existen en abundancia, por no hablar de la ingente información que existe en internet sobre esta red social. La propia información corporativa de Twitter incluye un excelente guía de cómo funciona. Pero la realidad es que muchas personas siguen rehuyendo Twitter o sencillamente encogen los hombros o miran para otro lado cada vez que ven el pajarito de Twitter o ese símbolo que unos llamamos almohadilla # y que ahora resulta que se dice hashstag y, lo que es más grave, determina los famosos trending topic… aunque muy pocos saben realmente qué impacto tienen y cómo posicionarse ante ellos (¿habría que hacer algo?). Por eso en dontknow nos planteamos acometer el fenómeno de Twitter para ayudar a las personas y acabamos creando el ebook Maestros del Tweet, que presentamos el próximo 16 de septiembre en el Centro de Innovación de BBVA en Madrid.

¿Por qué Maestros del Tweet  es único? Así lo explicamos en el propio ebook:

Hay cientos de cursos y libros dedicados a Twitter, desde cómo aprender partiendo de 0 hasta cómo dominar las herramientas de gestión más o menos avanzadas. Pero Maestros del Tweet es muy diferente porque te invita a aprender mediante vídeos cortos y consejos de los mejores expertos.

Porque está pensando para aprender a estar (o sencillamente entender) en Twitter de la mejor manera, con arte, con estilo con los consejos de expertos.

Porque estar por estar en Twitter no tiene sentido. Lo importante es saber usarlo de forma correcta, incluso magistral… La peculiaridad de Twitter frente a otras plataformas y redes sociales requiere un proceso de aprendizaje específico.

Maestros del Tweet es una iniciativa viva (porque Twitter mismo no para de cambiar) que seguirá creciendo con más autores, más puntos de vista, vídeos y contenidos útiles. En el arranque contamos con cinco autores que ya han sabido utilizar Twitter con sentido y utilidad y que, ahora, nos ofrecen sus consejos sencillos y asequibles. Sólo nos queda animar a los lectores a conocer mejor esta innovadora plataforma de la mano de Yoani Sánchez  José Antonio Rodríguez SalasEvan Rabble Henshaw-PlathCarlos Fernández GuerraMario TascónJulio Pérez-Tomé, todos ellos expertos en dontknow y a los que agradecemos su participación.

 

 

 

GENERACIÓN Z: MÁS LISTOS Y MÁS COLABORATIVOS QUE SUS HERMANOS MAYORES

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Uno de los cambios más radicales que vive el mundo de hoy respecto a todas las generaciones anteriores, es que millones niños saben más que los adultos sobre algo realmente importante para la sociedad: Internet y la tecnología digital. Esto supone una situación completamente nueva e inquietante para muchos de esos adultos, pero tiene sus aspectos esperanzadores según la bloguera canadiense Anne Kingston (http://www.macleans.ca/society/life/get-ready-for-generation-z/).

Su artículo señala que los niños que han nacido después de 1998 -tienen menos de 18 años- parecen marcar una diferencia importante respecto a los mayores de 25 (Generación Y) y están muy distantes de los treintañeros de hoy (llamados “Millenials” en inglés).

business-15822_640Obviamente no puede generalizarse, pues no es lo mismo haber nacido en una gran urbe que en una aldea sin conexión, pero son muchos millones, y en cientos de países, los jóvenes nativos digitales activos e independientes que responden al perfil descrito como “Generación Z”. Constituyen la cuarta parte de la población norteamericana y pueden ser más de mil millones en todo el mundo.

Algunos observadores de la sociedad detectan en ellos el surgimiento de una especie de “generación estrella” de personas industriosas, colaborativas y orgullosas de contribuir a mejorar la situación del planeta.

El término “Generación Z” fue popularizado por la agencia de publicidad Sparks & Honey, que realizó un estudio en Nueva York y difundió como “Conozca a la Generación Z y olvide todo lo que sabe sobre los Millenials”. Encontró que el 60% de los miembros de esa generación desea un trabajo socialmente útil frente al 31% de la Generación Y. Son “emprendedores” (el 72% quiere iniciar su propia empresa), y sensibles a lo comunitario (el 26% realiza ya voluntariado en algún sitio). Son, además, mucho más cuidadosos con su salud: fuman y beben menos que sus hermanos mayores. Son tolerantes y menos propensos, además, a asumir los tradicionales roles de género.

Don Tapscott los describe en su libro Grown up digital (2008) como mucho más deseosos de ser inteligentes que guapos. Y el investigador australiano Mark McCrindle, que ha estudiado durante siete años a niños que aún no cumplen 18, asegura que son “la generación más conectada, educada y sofisticada de la historia. No sólo representan el futuro: lo están creando”. Se refiere en parte a los niños y niñas inventores y creadores de aplicaciones, software y diseños, que se mueven como peces en el agua en el ambiente digital creado por sus mayores y se dedican a innovar e inventar cosas útiles y concretas para resolver situaciones difíciles.

Claro, siempre ha habido jóvenes innovadores, pero en este momento la combinación de los medios digitales con el llamado crowdsourcing y la educación on line gratuita, han impulsado a esta generación de una manera que no tiene precedentes. En 2013 la estudiante de 17 años Angela Zhang descubrió un protocolo para que los médicos detecten mejor los tumores en el escáner MRI. Y Jack Andraka, de 15 años, se hizo famoso con su barato y acertado detector de cáncer de páncreas.

Evidentemente ni todos los niños y niñas son así, ni lo son en todo el mundo: sabemos que millones de niños de esa generación no tienen acceso a los mínimos necesarios para vivir dignamente. Motivo de más para no dejar pasar más tiempo, y presionar a gobiernos e instituciones para que prioricen la educación y el acceso digital.

Es, sin duda, una de las claves para un futuro más prometedor, y en parte está en nuestras manos.

 

Dontknow.net

 

4 motivos para apostar por la inteligencia conectiva

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  1. Los problemas que afronta la humanidad son tantos, y de una complejidad tan grande, que ya no dan resultado las soluciones que eran eficaces hasta hace poco tiempo. Del cambio climático a las emergencias migratorias, de las guerras de cariz religioso al tráfico y el consumo masivo de drogas en todo el mundo, o a la corrupción de las democracias, nuestra aldea global enfrenta desafíos planetarios.  Y no hay un mapa que nos indique por dónde ir: hay que inventarlo.

 

  1. Pero no sólo es que no funcionen las soluciones antiguas: es que no tenemos un método adecuado para buscar las nuevas. Sería urgente en primer lugar ordenar y filtrar la avalancha informativa que nos agobia en vez de ayudarnos a decidir. Y luego, aprender a deliberar sin perdernos en luchas verbales.

Los viejos métodos para cambiar las cosas han demostrado su ineficacia. El siglo XX nos enseñó que el autoritarismo emprende medidas efímeras e ineficaces porque oprime a la sociedad. Las revoluciones y guerras sí que provocan cambios -a altísimos costos en vidas humanas- pero sus líderes reproducen en poco tiempo los vicios que combatieron. Los intelectuales, desconectados entre sí y lejanos a la sociedad, a veces se pierden en la búsqueda de su propia gloria y lucimiento.

  1. La innovación social, potenciada por las tecnologías digitales, parece suscitar algunas esperanzas: la participación de la sociedad civil, la democracia 2.0 son términos cargados de posibilidades. Pero aún son sólo eso.

Para abrir caminos, Pierre Lévy desarrolló en 1994 el concepto de inteligencia colectiva, afirmando que pensando juntos a través de la tecnología, podemos encontrar soluciones y crear nuevo conocimiento. Derrik De Kerckhove, discípulo de McLuhan, retoma esta idea pero escapa al olor colectivista e insiste en la importancia de la conexión, acuñando el término “inteligencia conectiva” en 1996.

Muchos esperaban que bastara Internet y las propuestas de muchos para que realmente emergiera un pensamiento ordenado y propuestas factibles. Ha sido así sólo en algunos casos.

       4. Estamos aún en la edad de piedra de la inteligencia conectiva, sencillamente porque no todo depende de la tecnología. Ésta es condición indispensable para que la sociedad aproveche el saber distribuido en la población, pero no basta. Hay mucho camino por recorrer.

Tenemos que aprender a deliberar en la sociedad digital, hablando y escuchándonos. Tenemos que crear las herramientas tecnológicas (hardware y software) a imagen de la mente humana y nuestro modo de sacar conclusiones, y no al revés. De otro modo iremos a remolque de los dictámenes del mercado. Pero la tecnología puede potenciar exponencialmente nuestra capacidad de diálogo. De hecho ya lo está haciendo:

http://www.dontknow.net/debates http://www.appgree.com/ http://delibera.info/es/  http://cci.mit.edu/klein/deliberatorium.html 

 ¿Alguna otra propuesta?