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DÍA DE LA TIERRA ¡Qué hermoso es nuestro planeta!

 

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Vista desde el espacio abierto… ¡qué hermosa es la Tierra! Qué apropiada y tierna para el ser humano: luz, aire, agua, vegetación, diversidad, sorpresa diaria, variedad, alimentación, reto y estímulo…

Los astrónomos otean el Universo en busca de lugares que propicien la vida. Pero en todas las galaxias conocidas hasta ahora, no se ha encontrado otro planeta adecuado y habitable para el ser humano. Allá afuera, en los espacios siderales hay algunos planetas con atmósfera, pero están muertos; en muchos se dan tormentas o explosiones, calores tórridos o fríos gélidos, erosiones, ausencia de vegetación, sequedad…

En el día dedicado al planeta contemplamos nuestro habitáculo espacial, con sus mares, sus ríos, su vegetación, sus insectos, pájaros, reptiles, mamíferos…

Y sin embargo, a una obra de arte del hombre – por ejemplo un Van Gogh-, sí que la cuidamos. Y se dedican millones a preservar los edificios, pinturas, esculturas que la Historia del arte ha dado al mundo. Pero… ¿y la Tierra, que no tiene recambio? A estas alturas de la historia podemos estar mucho más conscientes sobre lo que significa el equilibrio ecológico y lo delicado de su mecanismo de relojería. Todo está conectado; afectar un espacio es romper un circuito complicadísimo que influye en el conjunto. No es de maravillarse que hoy día se vuelva a divinizar la Madre Tierra como Gaia o Pacha Mama, y se regrese a los ritos originarios de culto a la naturaleza. Pero la cuestión no es darle culto, sino cuidarla y ajardinarla sin violentarla.

Y resulta que los habitantes de este único y sorprendente planeta azul seguimos siendo los más inconscientes inquilinos del milagro que supone la Tierra en el universo. Nosotros, la vida llamada “inteligente”, ¡qué poco honor hacemos a ese nombre! Como un mayordomo irresponsable, dejado a cargo de una casa solariega, seguimos depredando los mares, ensuciando el cielo, haciendo desaparecer cada año el equivalente de la superficie de Grecia, es decir casi 13 millones de hectáreas de bosque y selva. La deforestación es una causa importante en la pérdida de la biodiversidad.

Aún así, quienes piensan que es necesario destruir al ser humano para rescatar al planeta, olvidan que las personas somos capaces de evolucionar y cambiar de ruta. Somos un fruto extraordinario e impredecible de la evolución que recorrió todas las fases desde el Big Bang hasta el homo sapiens-sapiens. Y aún podemos reconducir el camino.

Afortunadamente la conciencia ecológica está cambiando. Los niños y jóvenes son mucho más sensibles al ambiente y están aprendiendo a ser custodios del entorno, pero como especie tenemos aún que des-aprender  el modo de vida depredador y glotón que nos ha acompañado desde la revolución industrial. Cambiar de hábitos y repensar lo que llamamos “desarrollo” para hacerlo compatible con la supervivencia de la ecología. O cuidamos la Tierra o nos hundimos todos. Y sólo podemos salvarnos juntos. ¿Empresa imposible? No lo creo. En ello nos va la vida.

 

 

 

 

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