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Exigir transparencia a los medios de comunicación

broken-549087_1280Los medios de comunicación tienen un alto nivel de responsabilidad en el grado de conocimiento y de madurez de los ciudadanos que componen una sociedad democrática. Pero hoy, en momentos de profunda crisis económica e institucional que ha degenerado en una profunda desconfianza hacia los políticos en general, la transparencia de los mismos es más necesaria que nunca.

Las leyes de transparencia, instigadas normalmente por los medios de comunicación, que obligan a los Gobiernos y administraciones públicas a dar libre acceso a toda la documentación de la que disponen (salvo la que afecta a la seguridad nacional y a la intimidad de las personas) son el mejor acicate para poder controlar la acción política y mejorar la salud democrática de un país. Los ciudadanos tenemos derecho a saber cómo se toman las decisiones gubernamentales, en base a qué y quienes participan en ellas, con qué fundamento y con qué medios y consecuencias para nuestras vidas.

En este sentido, los medios de comunicación juegan un papel fundamental como agentes de los ciudadanos para filtrar esa información y controlar la acción política y verificar si se producen abusos o no (corrupción, prevaricación, cohecho, etc.). Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los medios de comunicación exigen insistentemente en una mayor transparencia de los poderes públicos, no se aplican para sí mismos esos niveles de exigencia informativa.

Las informaciones y los puntos de vista que transmiten dejan a menudo mucho que desear:

  • Por la imposibilidad de ser objetivo al ciento por cien;
  • Por los sesgos que acarrean las propias creencias e idolologías de los que son propietarios o dirigen el medio o por los intereses espurios de los que les financian y/o patrocinan, y que a veces afectan a la información.

Por eso es muy importante, más allá de exigirles un comportamiento estético y ético que se sustancie en un Libro de Estilo, que al menos sean transparentes en relación a:

  • La línea editorial que siguen, las convicciones, las ideologías que representan y el prisma a través del cual interpretan la realidad o intentan influir en el ánimo o percepción de sus lectores.
  • La trayectoria profesional, las creencias, las ideologías y las afiliaciones de los que escriben los artículos.
  • Las fuentes de patrocinio, además de la mera venta de publicidad.
  • Los ingresos de publicidad y subvenciones y ayudas provenientes de las administraciones públicas u otras entidades financiadas con dinero público.

Creo que es una exigencia democrática que todos los medios de comunicación publiquen de forma recurrente (anualmente, por ejemplo) los datos que permitan conocer de antemano la intencionalidad con la que publican información o artículos editoriales. Saber quién esta detrás (accionistas) y a qué se dedican. Conocer los nombres de periodistas y colaboradores y su filiación política si la tuvieren. Saber quiénes son sus principales anunciantes y patrocinadores y el volumen económico de sus transacciones con el medio. Estar al corriente de quienes son sus principales stakeholders (proveedores, acreedores y deudores, suscriptores públicos). Conocer el volumen de las transacciones económicas realizadas con las administraciones públicas (publicidad, patrocinios y subvenciones, deudas con las administraciones públicas). Acceder a toda la información financiera de la sociedad editora sin tener que buscarla en el Registro Mercantil, etc. Todo ello ayudaría enormemente a conocer mejor la intencionalidad de los medios así como sus compromisos y limitaciones.

Naturalmente, no se debe ni puede exigir este ejercicio de transparencia informativa a través del ordenamiento jurídico, pues se conculcarían distintos derechos fundamentales que amparan también a los medios, a sus empleados y a sus stakeholders. Sin embargo, los medios que lo hicieran de forma voluntaria estarían mucho mejor vistos, serían más respetados y tendrían más posibilidades de ser creíbles y merecedores de la confianza del público en general y de sus lectores afines, en particular.

Eduardo Díez-Hochtleiner

El G2020, una plataforma para mejorar la democracia

 

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En los países occidentales rige el sistema democrático como forma de estado. La democracia, basada en la participación de la ciudadanía, facilita a la población de una nación escoger a sus representantes, encargados de ejercer las tareas de gobierno y oposición. La opción de participar es la característica fundamental de este sistema político que permite también entrar en discusión y opinar sobre cómo se ejerce el poder y se organizan las instituciones. Se ofrece así la posibilidad de entrar a debatir todas las cuestiones relacionadas con la Administración del Estado, propiciando la cohabitación de distintas ideologías bajo el manto democrático.

Este es el contexto en el que aparecen diferentes organizaciones y plataformas con el objetivo común de mejorar la democracia. Valiéndose de los diversos medios de comunicación, Internet y las redes sociales, intentan llegar al conjunto de la sociedad, fomentando el debate y la pluralidad de opiniones. Un ejemplo de ello es el nacimiento de la Plataforma de la Sociedad Civil G2020 que, sin ánimo de lucro, surge con la finalidad principal de regenerar la democracia en España. Detrás de esta iniciativa se encuentran instituciones significativas de la sociedad civil española, que promueven un análisis de los problemas y valores de la vida política y social. El propósito: elaborar propuestas para el diseño y la divulgación de las claves que van a configurar la sociedad española del futuro.

Ver vídeo de presentación aquí

Nuestro país, al igual que otras sociedades occidentales, afronta cambios importantes que, por un lado, proporcionan grandes oportunidades y, por otro lado, suponen enormes desafíos en ámbitos tan importantes para todos los ciudadanos como son el personal, el profesional y el de convivencia. La Plataforma G2020 quiere servir para aportar soluciones consensuadas a los conflictos, ofreciendo el conocimiento de expertos en distintas materias y favoreciendo también la participación de organizaciones. Unos y otros buscan contrastar todo el saber recopilado con la opinión pública y, de este modo, su fin último es apoyar la mejora del conocimiento que tiene la sociedad civil, considerando que ésta es la mejor manera de superar los retos que van surgiendo. Se trata, en definitiva de fomentar la participación ciudadana como muestra de que, pese a los problemas, nuestra democracia sigue gozando de buena salud y es posible opinar libremente.

Twitter ya es una cuestión cultural

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¿Sabes lo que es un museo? Sí, claro. ¿Vas a museos? No mucho. Con Twitter ya sucede algo así: se puede estar o no, pero no se puede ignorar qué es y su impacto en el mundo, la sociedad, la política, la economía, las personas, las empresas y organizaciones… Si los informativos citan a Twitter y asentimos desde la ignorancia, es como afirmar que sabemos qué es un museo pero, a la vez, pensar que son lugares misteriosos donde hay “algo” que no nos interesa. Siguiendo con la analogía, por supuesto que seremos respetuosos con quienes pasan horas visitando museos, aunque nosotros rara vez acudamos a alguno, pero no parece una actitud razonable ni elogiosa ignorar el influjo cultural que poseen.

Así vemos el caso de Twitter: ya no es posible prescindir de él. No podemos seguir pensando que es “una cuestión de esas” de internet, de redes sociales, de frikis, de especialistas, de personas que no tienen nada que hacer o que les sobra tiempo. No, porque el hecho de que los medios de comunicación y cada vez más organizaciones y personas relevantes –no sólo deportistas o artistas– dedican tiempo a su perfil en Twitter, nos debería llevar a reflexionar sobre el fenómeno.

Por eso en dontknow enfocamos Twitter como una actitud que las personas –y entidades de todo tipo– han de optar: ¿estoy o no estoy? ¿de esta manera o de la otra? Para decidir de la mejor forma, lo primero que hay que hacer es conocer bien qué es y cómo funciona. Cursos y libros existen en abundancia, por no hablar de la ingente información que existe en internet sobre esta red social. La propia información corporativa de Twitter incluye un excelente guía de cómo funciona. Pero la realidad es que muchas personas siguen rehuyendo Twitter o sencillamente encogen los hombros o miran para otro lado cada vez que ven el pajarito de Twitter o ese símbolo que unos llamamos almohadilla # y que ahora resulta que se dice hashstag y, lo que es más grave, determina los famosos trending topic… aunque muy pocos saben realmente qué impacto tienen y cómo posicionarse ante ellos (¿habría que hacer algo?). Por eso en dontknow nos planteamos acometer el fenómeno de Twitter para ayudar a las personas y acabamos creando el ebook Maestros del Tweet, que presentamos el próximo 16 de septiembre en el Centro de Innovación de BBVA en Madrid.

¿Por qué Maestros del Tweet  es único? Así lo explicamos en el propio ebook:

Hay cientos de cursos y libros dedicados a Twitter, desde cómo aprender partiendo de 0 hasta cómo dominar las herramientas de gestión más o menos avanzadas. Pero Maestros del Tweet es muy diferente porque te invita a aprender mediante vídeos cortos y consejos de los mejores expertos.

Porque está pensando para aprender a estar (o sencillamente entender) en Twitter de la mejor manera, con arte, con estilo con los consejos de expertos.

Porque estar por estar en Twitter no tiene sentido. Lo importante es saber usarlo de forma correcta, incluso magistral… La peculiaridad de Twitter frente a otras plataformas y redes sociales requiere un proceso de aprendizaje específico.

Maestros del Tweet es una iniciativa viva (porque Twitter mismo no para de cambiar) que seguirá creciendo con más autores, más puntos de vista, vídeos y contenidos útiles. En el arranque contamos con cinco autores que ya han sabido utilizar Twitter con sentido y utilidad y que, ahora, nos ofrecen sus consejos sencillos y asequibles. Sólo nos queda animar a los lectores a conocer mejor esta innovadora plataforma de la mano de Yoani Sánchez  José Antonio Rodríguez SalasEvan Rabble Henshaw-PlathCarlos Fernández GuerraMario TascónJulio Pérez-Tomé, todos ellos expertos en dontknow y a los que agradecemos su participación.

 

 

 

GENERACIÓN Z: MÁS LISTOS Y MÁS COLABORATIVOS QUE SUS HERMANOS MAYORES

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Uno de los cambios más radicales que vive el mundo de hoy respecto a todas las generaciones anteriores, es que millones niños saben más que los adultos sobre algo realmente importante para la sociedad: Internet y la tecnología digital. Esto supone una situación completamente nueva e inquietante para muchos de esos adultos, pero tiene sus aspectos esperanzadores según la bloguera canadiense Anne Kingston (http://www.macleans.ca/society/life/get-ready-for-generation-z/).

Su artículo señala que los niños que han nacido después de 1998 -tienen menos de 18 años- parecen marcar una diferencia importante respecto a los mayores de 25 (Generación Y) y están muy distantes de los treintañeros de hoy (llamados “Millenials” en inglés).

business-15822_640Obviamente no puede generalizarse, pues no es lo mismo haber nacido en una gran urbe que en una aldea sin conexión, pero son muchos millones, y en cientos de países, los jóvenes nativos digitales activos e independientes que responden al perfil descrito como “Generación Z”. Constituyen la cuarta parte de la población norteamericana y pueden ser más de mil millones en todo el mundo.

Algunos observadores de la sociedad detectan en ellos el surgimiento de una especie de “generación estrella” de personas industriosas, colaborativas y orgullosas de contribuir a mejorar la situación del planeta.

El término “Generación Z” fue popularizado por la agencia de publicidad Sparks & Honey, que realizó un estudio en Nueva York y difundió como “Conozca a la Generación Z y olvide todo lo que sabe sobre los Millenials”. Encontró que el 60% de los miembros de esa generación desea un trabajo socialmente útil frente al 31% de la Generación Y. Son “emprendedores” (el 72% quiere iniciar su propia empresa), y sensibles a lo comunitario (el 26% realiza ya voluntariado en algún sitio). Son, además, mucho más cuidadosos con su salud: fuman y beben menos que sus hermanos mayores. Son tolerantes y menos propensos, además, a asumir los tradicionales roles de género.

Don Tapscott los describe en su libro Grown up digital (2008) como mucho más deseosos de ser inteligentes que guapos. Y el investigador australiano Mark McCrindle, que ha estudiado durante siete años a niños que aún no cumplen 18, asegura que son “la generación más conectada, educada y sofisticada de la historia. No sólo representan el futuro: lo están creando”. Se refiere en parte a los niños y niñas inventores y creadores de aplicaciones, software y diseños, que se mueven como peces en el agua en el ambiente digital creado por sus mayores y se dedican a innovar e inventar cosas útiles y concretas para resolver situaciones difíciles.

Claro, siempre ha habido jóvenes innovadores, pero en este momento la combinación de los medios digitales con el llamado crowdsourcing y la educación on line gratuita, han impulsado a esta generación de una manera que no tiene precedentes. En 2013 la estudiante de 17 años Angela Zhang descubrió un protocolo para que los médicos detecten mejor los tumores en el escáner MRI. Y Jack Andraka, de 15 años, se hizo famoso con su barato y acertado detector de cáncer de páncreas.

Evidentemente ni todos los niños y niñas son así, ni lo son en todo el mundo: sabemos que millones de niños de esa generación no tienen acceso a los mínimos necesarios para vivir dignamente. Motivo de más para no dejar pasar más tiempo, y presionar a gobiernos e instituciones para que prioricen la educación y el acceso digital.

Es, sin duda, una de las claves para un futuro más prometedor, y en parte está en nuestras manos.

 

Dontknow.net

 

4 motivos para apostar por la inteligencia conectiva

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  1. Los problemas que afronta la humanidad son tantos, y de una complejidad tan grande, que ya no dan resultado las soluciones que eran eficaces hasta hace poco tiempo. Del cambio climático a las emergencias migratorias, de las guerras de cariz religioso al tráfico y el consumo masivo de drogas en todo el mundo, o a la corrupción de las democracias, nuestra aldea global enfrenta desafíos planetarios.  Y no hay un mapa que nos indique por dónde ir: hay que inventarlo.

 

  1. Pero no sólo es que no funcionen las soluciones antiguas: es que no tenemos un método adecuado para buscar las nuevas. Sería urgente en primer lugar ordenar y filtrar la avalancha informativa que nos agobia en vez de ayudarnos a decidir. Y luego, aprender a deliberar sin perdernos en luchas verbales.

Los viejos métodos para cambiar las cosas han demostrado su ineficacia. El siglo XX nos enseñó que el autoritarismo emprende medidas efímeras e ineficaces porque oprime a la sociedad. Las revoluciones y guerras sí que provocan cambios -a altísimos costos en vidas humanas- pero sus líderes reproducen en poco tiempo los vicios que combatieron. Los intelectuales, desconectados entre sí y lejanos a la sociedad, a veces se pierden en la búsqueda de su propia gloria y lucimiento.

  1. La innovación social, potenciada por las tecnologías digitales, parece suscitar algunas esperanzas: la participación de la sociedad civil, la democracia 2.0 son términos cargados de posibilidades. Pero aún son sólo eso.

Para abrir caminos, Pierre Lévy desarrolló en 1994 el concepto de inteligencia colectiva, afirmando que pensando juntos a través de la tecnología, podemos encontrar soluciones y crear nuevo conocimiento. Derrik De Kerckhove, discípulo de McLuhan, retoma esta idea pero escapa al olor colectivista e insiste en la importancia de la conexión, acuñando el término “inteligencia conectiva” en 1996.

Muchos esperaban que bastara Internet y las propuestas de muchos para que realmente emergiera un pensamiento ordenado y propuestas factibles. Ha sido así sólo en algunos casos.

       4. Estamos aún en la edad de piedra de la inteligencia conectiva, sencillamente porque no todo depende de la tecnología. Ésta es condición indispensable para que la sociedad aproveche el saber distribuido en la población, pero no basta. Hay mucho camino por recorrer.

Tenemos que aprender a deliberar en la sociedad digital, hablando y escuchándonos. Tenemos que crear las herramientas tecnológicas (hardware y software) a imagen de la mente humana y nuestro modo de sacar conclusiones, y no al revés. De otro modo iremos a remolque de los dictámenes del mercado. Pero la tecnología puede potenciar exponencialmente nuestra capacidad de diálogo. De hecho ya lo está haciendo:

http://www.dontknow.net/debates http://www.appgree.com/ http://delibera.info/es/  http://cci.mit.edu/klein/deliberatorium.html 

 ¿Alguna otra propuesta?

 

El cuerpo imaginado en el ciberespacio

El mundo digital es un espejo donde el cuerpo humano se refleja como en un caleidoscopio: multiplicado, transformado, mejorado según los cánones de belleza al uso. El Photoshop y otros programas rediseñan el cuerpo que deseamos mostrar en el escaparate público de las redes sociales. Pero ese rediseño vuelve de rebote al cuerpo físico, porque son millones de personas las que se retocan o reconstruyen a través de cirugía y maquillaje para asemejarse a las imágenes que les devuelven las pantallas de plasma.

El cuerpo digitalizado se vuelve más real entonces que el organismo vivo… lo que soy se transforma para imitar la imagen que quiero dar, y ésta toma el lugar de mi brújula, indicando el norte a donde parecería que debo caminar.

Hipnotizados por las imágenes retocadas en Internet, muchos tratan a su organismo como si fuese de madera y plástico, rellenando por aquí, recortando por allá para adaptarlo al modelo imaginario y perfecto que exige la cultura de la imagen, emulando a las musas del pop, los futbolistas, los personajes de videojuegos, los rostros de famosos… Quien esté fuera de esos cánones de belleza, parece un triste desterrado de este edén tan exclusivo.

¿Qué ha pasado? ¿Qué hacer?

 

Nuestro cuerpo es la sede del “yo” y el lugar donde acontece lo definitivo de la vida personal. Es el sustrato del código genético que nos hace irrepetibles, localización de nuestra identidad individual, territorio donde la vida late y se desarrolla, donde el tiempo deja sus marcas indelebles, donde salud y enfermedad pugnan a veces duramente. Más allá de su belleza… ¡está vivo! Nuestro cuerpo es el campo de batalla de las emociones, y su piel la playa donde acontecen la ternura y el sexo. Y es el lugar donde finalmente se parará el reloj de nuestros días.

Su gemelo digital reina en el ciberespacio. Se muestra sin velos en el árido primado de los sitios porno, pero también en la publicidad de cualquier cosa, con sus torsos hercúleos, sus Venus bronceadas y despojadas de cualquier rastro de imperfección. Fuera vejez, fuera celulitis, fuera manchas, fuera vello. El rostro se convierte en una abstracción intemporal, un icono fijado en una fecha indefinible de su biografía. Y se pierde de vista que la ternura es más que un emoticón en la pantalla. Es una mano que consuela físicamente.

Pues bien, eso: el ancla de una vida armónica, en el ciberespacio y fuera de él, es nuestro cuerpo físico, ese milagro tantas veces ignorado o despreciado, sensible, lavable, palpitante. Un cuerpo castigado a veces durante horas de trabajo ante el ordenador, mal comido y mal dormido. Ya decía Forges hace muchos años que no podemos echar una siesta por Internet.

Naveguemos por el ciberespacio y recorramos sus mares sin complejos, pero sin olvidar que nuestra ancla y la de los demás es su presencia real y tangible, modesta y temporal.

Entra en dontknow y déjanos tu opinión:

 

http://www.dontknow.net/decision/hacerme-cirugia-estetica-mejorar-mi-autoestima

 

 

El derecho al olvido en Internet: intimidad vs. libertad de expresión

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El derecho al olvido en Internet ha sido confirmado por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Frente a los argumentos de Google Europa para no borrar datos personales de usuarios ni filtrar ninguna información que haya sido indexada en su historial, el Tribunal ha dado prevalencia al criterio del derecho a la intimidad, en los casos en los que no haya relevancia pública de la información y ésta comporte un perjuicio grave o lesionen los derechos de la persona afectada.

Google y millones de internautas coinciden en afirmar que cualquier límite a la libertad de expresión es un coladero para el control que quieren ejercer unos y otros agentes de poder sobre el paraíso de la libertad que es Internet. Y está claro que aunque Google borre cosas, otras empresas análogas podrán sacar a relucir los datos en cuestión.

Así que la complejidad de este asunto no permite soluciones simples. Hay preguntas inquietantes que siguen vigentes. La primera es si tiene objeto legislar un fenómeno mundial con responsabilidades distribuidas de manera capilar por todo el planeta. Prácticamente todas las leyes están condenadas a ser inoperantes. O no, si se ejerce un contra-control a base de hackers enfrentados en la guerra cibernética. Hay multitud de empresas de pago para borrar datos incómodos de Internet.

Pero hay asuntos que están más al fondo de esta situación:

¿Por qué todo hecho, aunque sea nimio e irrelevante, debe constituirse en información pública y perenne? ¿Por qué el depósito de datos más grande del mundo no admite ningún límite a quien le quiere controlar? ¿Quién es el árbitro de una situación con millones responsables?

Y en última instancia: ¿es ilimitado el derecho a libertad de expresión? ¿Todo límite es un atentado repugnante? ¿Puede convertir esto a Internet –y sobre todo a sus proveedores y gestores- en nuevas deidades omnipotentes además de multimillonarias?

La metáfora de las señales de tráfico puede ser útil para establecer unos reglamentos de flujo informativo en Internet. Los semáforos y flechas de dirección no se usan para controlar a los automovilistas, sino para facilitar que lleguen a su destino sin colisionar unos con otros. Y si colisionan, deben responder por ello.

Para armonizar el derecho al olvido y a la intimidad con la libertad de expresión, tienen que encontrarse unos reglamentos de flujo, unas señales de tráfico que permitan la gestión informativa en sus distintos niveles, acompañadas por el imperativo de responder por aquello que se escribe y publica.

http://www.dontknow.net/decision/compartir-mis-datos-personales-internet