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¿Ayudan las redes sociales a concienciarnos de la crisis de los desplazados?

refugiados y redes sociales#AyudaDesplazados

Las redes sociales se han convertido en una herramienta fundamental para comunicarnos, interrelacionarnos e informarnos. Su uso cotidiano y la facilidad con la que permiten difundir noticias, ha hecho que sean clave como instrumento de las ONG,s, asociaciones e instituciones que quieren hacer llegar sus iniciativas solidarias al mayor número posible de personas. Propagar un mensaje solicitando ayuda y/o colaboración ciudadana para cualquier causa, es hoy más fácil y accesible.

Y actualmente, una de las causas más urgentes continúa siendo la crisis humanitaria sin precedentes de los desplazados a causa de la guerra. Los millones de personas que vagan por Europa en busca de asilo o refugio, escapando del conflicto sirio, que parece empeorar cada día, siguen necesitando del apoyo y solidaridad de todos para sobrevivir cada día. No solo en Europa, sino también en la propia Siria y otros países en guerra (como Irak), y las zonas del entorno.

Mediante las redes sociales conocemos la puesta en marcha y el reclamo de todas las organizaciones que están movilizándose -e intentan movilizarnos- por esta dramática causa. Ejemplo de ello es la campaña de acción solidaria de ACNUR en redes, que pretende sensibilizar sobre la importancia de la reunificación familiar para los refugiados: #UnitedTweetsForRefugees.

ACNUR, invita a visibilizar esta tragedia para que cada vez haya menos familias rotas por la guerra, con tan solo retuitear  entrando en la webUnitedtweets.org o a través del perfil de Twitter de ACNUR: @ACNURspain.

Está en nuestra mano participar y colaborar solidariamente en esta iniciativa y otras tantas porque, si sumamos nuestras voces el mensaje calará más y llegará a más personas. Y que mejor ayuda para ello que las redes sociales.

#AyudaDesplazados

María Font Oliver

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El cuerpo imaginado en el ciberespacio

El mundo digital es un espejo donde el cuerpo humano se refleja como en un caleidoscopio: multiplicado, transformado, mejorado según los cánones de belleza al uso. El Photoshop y otros programas rediseñan el cuerpo que deseamos mostrar en el escaparate público de las redes sociales. Pero ese rediseño vuelve de rebote al cuerpo físico, porque son millones de personas las que se retocan o reconstruyen a través de cirugía y maquillaje para asemejarse a las imágenes que les devuelven las pantallas de plasma.

El cuerpo digitalizado se vuelve más real entonces que el organismo vivo… lo que soy se transforma para imitar la imagen que quiero dar, y ésta toma el lugar de mi brújula, indicando el norte a donde parecería que debo caminar.

Hipnotizados por las imágenes retocadas en Internet, muchos tratan a su organismo como si fuese de madera y plástico, rellenando por aquí, recortando por allá para adaptarlo al modelo imaginario y perfecto que exige la cultura de la imagen, emulando a las musas del pop, los futbolistas, los personajes de videojuegos, los rostros de famosos… Quien esté fuera de esos cánones de belleza, parece un triste desterrado de este edén tan exclusivo.

¿Qué ha pasado? ¿Qué hacer?

 

Nuestro cuerpo es la sede del “yo” y el lugar donde acontece lo definitivo de la vida personal. Es el sustrato del código genético que nos hace irrepetibles, localización de nuestra identidad individual, territorio donde la vida late y se desarrolla, donde el tiempo deja sus marcas indelebles, donde salud y enfermedad pugnan a veces duramente. Más allá de su belleza… ¡está vivo! Nuestro cuerpo es el campo de batalla de las emociones, y su piel la playa donde acontecen la ternura y el sexo. Y es el lugar donde finalmente se parará el reloj de nuestros días.

Su gemelo digital reina en el ciberespacio. Se muestra sin velos en el árido primado de los sitios porno, pero también en la publicidad de cualquier cosa, con sus torsos hercúleos, sus Venus bronceadas y despojadas de cualquier rastro de imperfección. Fuera vejez, fuera celulitis, fuera manchas, fuera vello. El rostro se convierte en una abstracción intemporal, un icono fijado en una fecha indefinible de su biografía. Y se pierde de vista que la ternura es más que un emoticón en la pantalla. Es una mano que consuela físicamente.

Pues bien, eso: el ancla de una vida armónica, en el ciberespacio y fuera de él, es nuestro cuerpo físico, ese milagro tantas veces ignorado o despreciado, sensible, lavable, palpitante. Un cuerpo castigado a veces durante horas de trabajo ante el ordenador, mal comido y mal dormido. Ya decía Forges hace muchos años que no podemos echar una siesta por Internet.

Naveguemos por el ciberespacio y recorramos sus mares sin complejos, pero sin olvidar que nuestra ancla y la de los demás es su presencia real y tangible, modesta y temporal.

Entra en dontknow y déjanos tu opinión:

 

http://www.dontknow.net/decision/hacerme-cirugia-estetica-mejorar-mi-autoestima

 

 

El ciberterritorio de oportunidades

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Hace unos días escuchaba a un académico colombiano clamar apasionadamente por “oportunidades” para los jóvenes, como medio indispensable para consolidar cualquier proyecto de paz en su castigado país (http://www.cartadelapaz.org/portal/carlos-gomez-restrepo-no-hallaremos-la-paz-si-no-se-generan-oportunidades/?lang=es).

Carlos Gómez Restrepo, Rector de la Universidad La Salle (Bogotá), señalaba que “nunca llegará la paz si no se generan oportunidades. Es necesario que el país se prepare para la paz, lo cual significa no excluir a algunos colombianos de la educación desde la cuna, y reducir las diferencias sociales”.

Oportunidades… ¿qué significa esta palabra para millones de niños y jóvenes que viven en toda América Latina en contextos de pobreza y acoso de las diversas narcomafias, guerrillas, maras u otros grupos violentos? Pues significaría que tuvieran al menos el mínimo de educación necesaria para no tener su cuerpo como único recurso de supervivencia. Un cuerpo que dan para la prostitución o la violencia a cambio de alimento y cantidades variables de dinero según las circunstancias.

Oportunidades significa aprender a leer y escribir. Para muchos, un oficio y el marco social para ejercerlo. Para otros, un pedazo de tierra, y condiciones para poder cultivarla y vender lo obtenido. Otros más esperan llegar a la universidad y tener una profesión. Pero para todos, en el siglo XXI, “oportunidades” significa también acceso a la tecnología y los saberes que les abran la puerta del ciberespacio. Ese lugar donde se jugará la ciudadanía del futuro.

Así como en el siglo XIX las “fiebres del oro” o del petróleo se presentaron como posibilidad para salir de la pobreza a personas con o sin formación escolar, hoy se ha abierto ese territorio invisible que llamamos Internet. Un espacio anchuroso, aún con mucho por construir; una ciberterritorio de oportunidades –no exento de riesgos- donde los más jóvenes son protagonistas. Donde se informan, se relacionan, critican, inventan, proponen, re-crean. Donde se sienten en su casa cuando pueden entrar en ella con suficiente información y capacidad para interactuar. No importa que no sean Zuckerberg. También hay posibilidades a escala pequeña, de barrio, de sector o tipo de actividad. Desde la India, China o cualquier lugar del planeta, personas menores de 30 años están tejiendo a toda prisa las aplicaciones, programas, innovaciones y estrategias que pueden ofrecer –a veces a un alto precio- a grandes colosos de este territorio digital.

Pero para que entren en él requieren no sólo la indispensable alfabetización, sino también el acceso y las habilidades suficientes para comprender, proponer y crear en Internet, locomotora de la vida social de hoy. ¿Es mucho pedir? No. Estas condiciones son las que cualquier gobierno tendría que garantizar a sus ciudadanos. Las que toda sociedad llamada democrática tiene que exigir para que nadie quede excluido de unas posibilidades mínimas de desarrollo.

Una educación suficiente, lo sabemos, es la clave para una vida humana con más grados de libertad. Hoy “educación” quiere decir también acceso y capacidades digitales, y eso es lo que habría que promover, sin descanso, para los jóvenes –colombianos o de cualquier lugar- que ya existen y sólo piden una oportunidad para vivir con dignidad.

¿Apoyar la incorporación masiva de la población a las redes sociales?

¿Buscar trabajo por internet?

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Según una encuesta realizada por TweetMyJobs, del grupo CareerArc, en la actualidad el 72% de las empresas de Estados Unidos utiliza las redes sociales para publicitar sus puestos vacantes. También en España es cada vez más alto el porcentaje de empresas que anuncian dichos puestos. En dontknow nos planteamos si es un medio útil para buscar trabajo y en caso afirmativo si es un medio fiable y cuál es la mejor forma de hacerlo. A la hora de buscar trabajo no puede dejarse de lado ninguna opción, pero hay que saber utilizarlas. Sigue leyendo

Los lunes entrevista: Javier Esteban, fundador de E-venTop

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Inauguramos nuestra nueva sección de entrevistas charlando con Javier Esteban, fundador de E-venTop y experto en comunicación digital en redes sociales. Forma parte del equipo de Iniciador desde hace 3 años, organiza Congresos y fiestas 2.0 en el nuevo  Espacio Siluro y se pasa 24 horas conectado con la realidad a través de las redes sociales. Es uno de los flamantes fichajes en dontknow, donde comparte sus puntos de vista sobre diferentes decisiones relacionadas con emprender y nuevas tecnologías. ¿La decisión más difícil que ha tomado en su vida?. Nos la descubre aquí. (Para poder acceder a los puntos de vista de Javier podéis registraros con nuestra invitación exclusiva como betatesters, poniendo en área de colaboración el nombre del entrevistado).

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